
El pasado 12 de febrero se hizo saber a partir de un comunicado emitido por la Oficina del Representante Comercial de EEUU que consideran «innecesario» por ahora llevar a cabo una revisión de los aranceles al aceite de oliva y la oliva de mesa. Actualmente el país norteamericano aplica un gravamen del 25% que perjudica a los productos del campo español y, particularmente, a las olivas de mesa y al aceite de oliva.
Las inversiones realizadas por el sector oleícola español, orientadas a concienciar de los beneficios del aceite de oliva en la alimentación, se ven ahora como una pérdida de tiempo y dinero, un esfuerzo en vano. Las cifras hablan por sí solas: el aceite de oliva de origen español cayó el año pasado un 80,9% respecto al 2019 en el mercado americano.

Los rumores giraban en torno a que la entrada de Joe Biden al Gobierno de los Estados Unidos iba a acelerar las negociaciones respecto a este conflicto. Nada más lejos de la realidad: gobiernos e instituciones, españolas, europeas y estadounidenses, siguen sin “sentarse” a dialogar sobre el conflicto. Y mientras tanto, productores y agricultores sufren las consecuencias de esta situación, que ya se alarga en el tiempo y parece haberse instaurado en los “asuntos” estadounidenses como un tema de escasa (o nula) prioridad.
FUENTE: Mercacei